среда, января 09, 2008

In crasciangre ver i tasket


Nug manriastro i tisket in crasciangre chuif juniandre ver nug i tasket si cuastre, cuasket.

Ciin bermunpfle thumiendro aru ar mig, aru ar tiug: nug cusrangtlos, nug ristropfen engel shi jop utarkia. Ym aozed on gelm ayo rdet od osl os as es in os.

Crasciangre i sim on sa y y.

El céfiro y la ventolera


El viajero siente el paso de sus pasos poco a poco oteando, con diagonales de cuello palpitante, signos que el viento transporta a través de hojas, insectos y espíritus mínimos, que no invisibles. Espíritus de viento y hojas, de ojos de sierpe bonachona y benéfica, hada madrina de vacaciones, que tras las doce campanadas otean cuanto zapato de cristal haya podido quedar prendido y prendado en la escalinata del recuerdo.

Vuelven imágenes a ser algo menos imágenes, algo más imaginadas, con nuevas pistas que tensan algo el cuello diagonal, que palpitan algo más aceleradamente el otear que el viajero ya no sabe si es propio o de los benignos reptilitos volantes.

Nuevas pistas, nuevas alarmas, tal vez sin armas, tal vez sin karmas...¿Cómo sabe el viajero que el fin del camino es el fin del camino? El viaje no admite instintos más que en la marcha y el viajero sabe que no puede, no debe, no sabe decirle al instante que pasa, "detente: eres tan bello!..."

Un perro negro cruza el bosque con un zapato de cristal en la boca y en sus ojos sí que brilla el instinto y tal vez la eternidad. El viajero detiene un momento sus pasos y se imagina que las imágenes que ve no sean más que imágenes imaginadas, aunque un quiebro cartesiano le tranquiliza pronto y, como poco, se siente imagen vívida de una imaginación que se deja vivir en él o tal vez por, para, desde, ...él. Es curioso cómo el viajero puede dejar de ser él mismo al sentirse el centro de lo que tal vez signifique sentirse el centro del mundo en el que él, en fin, seguramente no existe.