El céfiro y la ventolera
Serpino despierta al fondo de su cueva, donde la hibernación ha sido un ensueño esta vez. Pero no hay cueva. Uh? Donde antes reinaba la humedad (que Serpino quería suponer confortable) y la oscuridad (que Serpino quería calificar de segura), hay ahora cielo abierto, libre pulmón y mil destellos de ojos de espirititos resueltamente brillantes, que se han comido toda la oscuridad, y de mil mariposas que han abanicado la humedad hasta convertirla en pergamino de estrellas. Y Serpino no sabe si seguir durmiendo o dormir siguiendo, que tanta es su felicidad, hasta que se da cuenta de qué es felicidad, de que es felicidad y de que es lo mismo que lo mismo es que lo mismo da.
Nunca fue tan feliz Serpino, canta el céfiro, y la ventolera responde que lo mejor está por llegar.

