El céfiro y la ventolera

Viene el viento desde su cuna a recibir a Serpino en el umbral de la cueva. Hay oscuridad, familiar hasta donde la oscuridad puede serlo. La claridad que queda a su espalda es cegadora, y Serpino utiliza este recurso de cobarde para decirse que no debe girar. Tal vez sea la ruina, la felicidad o ambas cosas, las que esperan más allá de una aureola en el horizonte nunca bien aprendido...
Serpino teme quedar ciego, ha perdido la fe y sólo le falta un poco para decidir que es mejor esperar sentado, en la cueva de la anestesia, a depender de una enfermera tarde o temprano...Un relámpago en forma de deseo de traspiés le asalta en medio de su tormenta de estulticia...sería un último homenaje a la luz sin mirarla de frente.
Serpino empieza a ponerse enfermo de tanta duda, de tanto alimento inusual para su organismo. Entonces, cuando una incipiente oleada de casi vergonzante chispa quiere prender la yesca de la fuerza, la humedad de la cueva emite una brisa suavemente relajante...

1 Comments:
Pregunta, Serpino. Vos tenès las respuestas, el aire es el que surge de tu boca, y llega a los pulmones. Aunque sea cruel o inesperada la palabra... tu sabes. A veces despiadada... El miedo es el peor enemigo del Amor.
Y sabes donde encontrarme si te falta el aliento.
Me has ayudado mucho con tu viento...
Un abrazo de Luz.
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