El céfiro y la ventolera
El día viene cantando, susurrando tambien una brisa leve que se dijera que mueve horas en lugar de cabellos. Todas las alfombras voladoras están en el lado oscuro de la luna, lejos de su propio estribo. Las costillas del Ícaro amoroso pesan una enormidad y sus pulmones parecen respirar una eternidad sin vocación. Dos más dos suman poco esta mañana, en la que Serpino espera cola para limpiar su alma de lunas, alfombras y eternidades.Cuando lo inevitable hace notar su presencia nunca está lejos la tarde, la noche, el sueño, tal vez la eternidad. Serpino se creyó mañana sin mañana.

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