El céfiro y la ventolera
Et pourtant, bien podría ser el rey Midas y no enterarse del maleficio benéfico de su falta de tacto. Todo ello le acompañaba por el sendero que se adentraba entre la maleza descuidada. la estación de lluvias no estaba lejos y su calzado no era muy allá, de modo que pisaba con cuidado a pesar de su eterno beneficio maléfico. Entonces lo sintió. No fue demasiado fuerte ni demasiado intenso: en otras circunstancias, en otro lugar, le hubiera pasado desapercibido, tal vez. Fue como un soplo hacia adentro, como un suspiro con silenciador. Por primera vez desde hacía mucho (demasiado) tiempo, todos sus sentidos se erizaron y la alerta funcionó a la perfección. ¿Era peligro, era placer, era algo más que una brisa cordial y temblorosa?
Siempre pensaba en música, le costaba dar forma definitiva a un pensamiento definitivo en una expresión definitiva en lenguas definitivas: el ritmo sonaba en su cabeza y era verdad si sonaba bien. El ben trovato a posteriori siempre funcionaba. Así era ahora, así sonaba la imperceptible vuelta del palio de su memoria. Jedoch...

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