суббота, июля 08, 2006

El céfiro y la ventolera


Jedoch, es muss sein! Y el viento significó de pronto anhelo, bien que de frente. Y se cerraron los bostezos de las criaturas invisibles que pueblan el arbóreo cénit, como una coreografía no se sabe si temible o temerosa, y comenzó a rodar el tiempo como su alfombra roja, al ritmo de las sienes galopantes.
Al fondo, más allá de la atención, la luna jugaba a la petanca sobre el mar. Y el perceptible encanto que atrapó a la noche de repente jugó a ser rotundo y no dejaba caber en sí ni en aledaños el más mínimo nevertheless...