El céfiro y la ventolera
Serpino sale del sendero. Le ha parecido que algo brillaba entre la hierba. Cuando llega a la altura del objeto reluciente, se agacha con cuidado. Parece moverse algo por allí. Pero en Serpino puede más siempre la curiosidad que la prudencia y toda precaución queda desterrada cuando comprueba que es el objeto reluciente el que se mueve. Cielos. ¿Se trata de un pequeño meteorito aún incandescente y en plena furia efervescente del reciente aterrizaje? Oh, pero si es una pequeña criatura, un ser diminuto y de colores preciosos, pero que Serpino no logra identificar. En un primer momento, como es lógico, los mil cuentos de la rana-príncipe quieren aparecer en la tramoya, pero no hay caso: Serpino no es una princesa. Y en todo caso, no es una rana ni un sapo ni una salamandra. Es raro, pero en absoluto repulsivo, ni parece una criatura venenosa o urticariante. Y Serpino extiende la mano, la criatura eleva un par de hermosos ojos que chocan con los de serpino y en menos que se pronuncian mil palabras, Serpino comienza a encogerse entre la hierba aún jugosa del amanecer.

0 Comments:
Отправить комментарий
<< Home