El céfiro y la ventolera
El sendero ondula ante sí, como adivinando el paso incierto con que lo hollará. Serpino se detiene un instante, el sendero al borde mismo de su pie, lamiendo el paso siguiente. Parece buscar parecer del silencio, tal vez intenta perdonarse por tener el mar tan lejos, ahora, ahora... De lejos, de lejos llega el eco del eco, eco, que no trae más que noticias de sí mismo, eternamente joven, vivo más allá de la carne y la sangre y el alma, allá, allá donde los cuerpos inertes vagan de consumación en consumación. Y sin embargo...Y sin embargo lo nuevo es viejo y lo viejo es nuevo ahora, decadente como es el sendero, joven sin embargo para una mirada joven, sin embargo viejo para una mirada más joven, más cándida. Cándido Serpino quisiera ser y cultivar su jardín al borde de la decepción suprema y sin embargo...
Y sin embargo Serpino no puede ser Cándido para dejar de ser cándido, porque no puede dejar de creer, oh maldición de bendiciones, oh amarga dulzura de la sonrisa per se, perseguida, perserpina, persefonea.
Sí, no, sí. No queda ni un pétalo en la margarita de su magín y, como siempre, al final es to be, that is the question; Serpino ha nacido para decidir y además el sendero está ahí, al borde mismo de su pie,...y Serpino va a sentir la ondulación en su inmediato devenir, adelante desconocido, easy walking, not so easy thinking. Et pourtant...

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